Nos despedimos de la Copa Nacional con una victoria que no se puede festejar
La celeste mostró suerte dispar en la despedida de la Copa Nacional de Selecciones.
En primer término, debemos señalar lo lamentable que significa ver la tribuna del estadio casi vacía; debe haber sido la peor recaudación de la historia de una presencia riverense en la cancha.
No superamos las cien personas y eso, en un estadio con capacidad para 28.000 es realmente lamentable y causa una tristeza que es imposible de explicar.
Los juveniles saltaron a la cancha y se encontraron con un gol a los pocos minutos.
Luego jugaron tranquilos y se adueñaron de la pelota y de las acciones hasta el final del primer tiempo.
Pero había una explicación lógica y tenía que ver con la forma que la visita encaró el partido, comenzaron varios suplentes y luego hicieron ingresar a tres titulares que miraban el partido desde el banco.
En el complemento todo cambió y los arachanes empataron y cuando todo parecía que era una justa división de honores, los goleadores no entienden de justicia y Valentín Martins, que ya había anotado el empate, desniveló cuando expiraba el tiempo reglamentario.
Nueva derrota celeste que nos deja con el triste saldo de haber perdido todos los puntos en disputa en la serie.
POR LO MENOS ALGO
Los mayores también encontraron un gol a poco de comenzar el partido y fue Anderson Pérez, constituido luego en el mejor exponente de nuestro equipo, el que marcó esa diferencia.
Rivera, con una formación casi accidental, con jugadores que no estaban en sui posición, llegaron con posibilidades a inquietar a la defensa rival que no estaba integrada por sus jugadores titulares.
En el medio faltaba el pilar y adelante el goleador.
Pero, en este caso, la lesión de uno de los jugadores del medio impidió que el técnico colocara a tres titulares porque tuvo que realizar modificaciones dentro del propio equipo y dentro del campo de juego.
Aún así, los arachanes hicieron el mérito necesario para llegar al empate que no lograron porque cayeron en la desesperación de estar en posición adelantada en forma recurrente en el segundo tiempo.
Sin embargo fue Rivera quien llegó al segundo tanto cuando restaban once para el final del partido y por intermedio del recién ingresado Bruno Guedes.
Descontó Carlos Fernández a poco del final y luego, a pesar que Cerro Largo volcó la cancha hacia el arco de Jair Lemos, no pudo y la celeste se fue de la cancha con el sabor agridulce de, por lo menos una victoria en la serie.
Pero en la hora del balance, nos quedamos con las manos vacías y la bronca de haber ganado en el final nos impide siquiera esbozar una sonrisa por una victoria que absolutamente nada aporta, ni siquiera alejarnos de la última posición y lejos de la chance de estar entre los mejores del interior, una vez más.