Vecinos de Paso del Parque construyen su propio puente sobre el arroyo Coronilla Chico

VICHADERO (Por Raúl Barboza, para “Vichadero y su gente”). La necesidad pudo más que la espera. Luego de más de quince años de infructuosas gestiones ante la Intendencia Departamental de Rivera, los vecinos de Paso del Parque y Alborada volvieron a tomar la iniciativa para solucionar, al menos parcialmente, un problema que afecta desde hace años a quienes viven y transitan por la zona.
El arroyo Coronilla Chico atraviesa el camino vecinal que une la ruta 6 con las localidades de Paso del Parque, Alborada, Coronilla de Caraguatá y Pueblo Socorro. En ese punto existe un badén que, cada vez que el curso de agua aumenta su caudal, impide el paso vehicular de un lado al otro.
Se trata de una situación que afecta directamente la vida cotidiana de la comunidad, ya que por ese camino circulan diariamente personas que se trasladan a Vichadero por razones laborales, además de estudiantes que son transportados en micros.
Ante esta realidad, los vecinos realizaron durante años distintas gestiones en procura de una solución. La construcción de un pequeño puente permitiría superar, al menos en parte, las dificultades provocadas por las crecientes del arroyo. Sin embargo, pese a las promesas de que el problema sería solucionado de diferentes maneras, el tiempo transcurrió sin que se concretara una intervención municipal.
LA COMUNIDAD TOMÓ LA INICIATIVA
Cansados de esperar, los propios vecinos decidieron unirse y construir un rudimentario puente utilizando tapas de eucalipto. Aquella estructura logró resistir apenas un par de crecientes. Después de cada aumento del caudal del arroyo, la comunidad volvía a reparar y “remendar” el pequeño puente, manteniendo siempre la esperanza de que finalmente llegara una solución definitiva.
Mientras tanto, según manifiestan los vecinos, el expediente relacionado con esta problemática fue archivado sin que la comunidad fuera notificada de esa decisión. La última creciente terminó por destruir totalmente el viejo y frágil puente comunitario. Pero, lejos de resignarse, los vecinos volvieron a organizarse.
Compraron varias columnas de madera, consiguieron algunas máquinas y nuevamente pusieron manos a la obra. El resultado fue la construcción de un nuevo puente, levantado gracias al esfuerzo colectivo y a la voluntad de una comunidad que decidió no quedarse esperando indefinidamente.
Ahora, la esperanza de los vecinos es que esta nueva estructura pueda resistir durante mucho más tiempo las crecientes del arroyo y permita mantener la comunicación en un camino de vital importancia para varias localidades de la zona.
La historia de este pequeño puente comunitario deja, además, una reflexión que resume el espíritu de quienes, una vez más, decidieron buscar una solución con sus propias manos. Viene inevitablemente a la memoria aquella célebre frase de nuestro prócer, José Artigas: “Nada podemos esperar sino de nosotros mismos”.

