Rivera, martes 28 de noviembre de 2023

Mylai

I
Hay momentos en los que las palabras se niegan a decir. Una suerte de huelga o paro semántico. La paradoja es que seguimos a pesar de ellas. Insistimos en darle vida a lo que está suspendido. Se niegan a contar una historia. Se niegan a decir del profundo dolor, que se instala entre mi vida y la vida que resiste en ser vida vivida. En esos momentos, cuando el sufrimiento y el absurdo abruman, siento ganas de preguntar-gritar con toda la fuerza de mi flaca humanidad: ¿Dónde el Dios justo y poderoso? El que me enseñaron desde chico. El dios de mis abuelos, el dios del Centro de Jóvenes Don Bosco, en los salesianos de la zona este.
Algunos enemigos me aman, lo sé. Están en mi lista de tarjetas navideñas.
II
Las huellas de la mano del artista-artesano son su propia firma. La huella no se puede falsificar como la firma. Yo llevo la huella de cada hombre, de cada mujer, que pasaron gracias a mi existencia. No soy del todo original. Pero el centro intenta ser medianamente auténtico. La, el artista-artesano da culto a la presencia. La cultura actual no da culto más que a lo rentable, a lo rápido y productivo. La, el artista-artesano vive en la atención, en la tensión del arco que dirige la flecha. Su ser es su creatividad y su creación.
III
“Con la palabra el hombre supera a los animales (¿será?). Pero con el silencio se supera a si mismo (eso sí)” – Paul Masson.
El silencio es una tarea de arte-artesanal. Cada uno aprende a estar en donde está. Pide de nosotros la entera atención. Es una especie de entrega y ofrenda del presente al presente. Hay una dulce amiga-artista-artesana de 22 años que pasa por un mal momento. Hay mucha gente, familiares, diría casi un pueblo entero, que vibra en silencio (y en oración ecuménica) con ella, por ella, gracias a ella. Porque ella es merecedora de toda la juventud del mundo. De toda la expansión y extensión de vida del mundo. Merecedora de toda la libertad, el amor, la amistad y el arte-artesanía del mundo.
Hoy Mylai está en silencio. Necesita recuperar su aliento, su ánima. Y nosotros y los otros, seremos sus pájaros cuidadores para cantarle en su ventana.
Descubrí que se puede amar a quien poco se conoce. El amor, creo, es un prodigio.
IV
San Agustín dice que su centro, su peso, es el amor. El amor puede ser un buen centro de gravedad. El silencio nos puede llevar a encontrar nuestro eje. ¿Dónde lo busco? ¿Dónde mi centro? Si no hay sosiego en mi vida, es necesario buscarlo en otro lado. En el arte, tal vez. Si, en el arte, definitivamente. Por eso escribo lo que escribo, con trazos de arte en las palabras, que huyen porque se esconden en los rincones de la casa, porque resultan incomprensible decirlo con palabras, porque el verbo es invadido por la maldita, de mal dicha rabia, porque no entienden de la cruel injusticia con esa niña.
El dolor no nos hace libres, no existe libertad en ese sentido, tampoco verdad, y ese valor sólo florece en el centro del templo que somos cada uno y cada una de nosotros.
V
Se sacrifica la libertad para acoplarse al ritmo de la sociedad. Se ajusta uno a la colectividad. Nos sometemos a todo y se pierde el centro. Hay gentes que se confían a todo con tal de no estar en el vacío. No es fácil vivir al margen de la manada. Ser hombre, ser mujer, ser lo que uno intenta ser, es vivir en rebeldía. Ser libre es no entrar en la corriente. El disidente resulta castigado. Descansar en mi eje implica pagar el precio de la soledad. Pero es preferible. Ser libre es un derecho y un deber. No hay que ceder en absoluto. La vida es un misterio que alberga el silencio y la libertad.
VI
Mylai da clases de iniciación a las artes plásticas para niños y niñas de 5 a 9 años, en nuestro centro de cultura Calle Brasil Cultural. Su aliento, nos devolverá el nuestro.

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