Rivera, domingo 8 de febrero de 2026

Cambios y permanencias en la historia (última parte)

LA RADICALIZACIÓN DE LA MODERNIDAD, LA SOCIEDAD “POSTMODERNA”
Antony Giddens (1) hace un análisis de la modernidad, su evolución, su crisis y sus consecuencias basándose en un análisis institucional y haciendo alusión a lo cultural y lo epistemológico, conceptualizando la modernidad desde una primera perspectiva, afirmando que son modos de vida y formas de organización que surgieron en Europa Occidental en el siglo XVII, y que su expansión la ha convertido en un fenómeno mundial.
Afirma que hoy se habla de una nueva era que trasciende la modernidad (ya sea esta llamada de “sociedad de consumo” o “sociedad de la información”) estos términos surgen del primer término de Postmodernidad.
Lyotard (2) advierte como fin de la Historia o postmodernidad, como un desplazamiento de la idea de fe en el progreso, y que la ciencia no posee más su lugar privilegiado, hay un cambio epistemológico que va a acomodar las nuevas visiones y prácticas de tecnificación. Giddens quiere demostrar que ese postulado teórico es incorrecto en el sentido de que no vivimos en una era diferente a la modernidad, sino que vivimos una radicalización y universalización de sus consecuencias. Intenta desarrollar una “idea discontinuista del desarrollo social moderno”.
Con la idea de discontinuidad el autor se refiere a que la historia tiene sus avances y sus retrocesos, por eso se aleja de las teorías evolucionistas y también plantea una crítica a la teoría marxista por considerarla determinista.
Las formas y formatos de la Modernidad arrasaron con todas las antiguas estructuras del período pre-moderno, la primera discontinuidad, se da en el ritmo de cambio, que es cualitativamente superior a las etapas anteriores, la segunda discontinuidad está en el ámbito mismo, pues esta modernización ultrapasó las barreras de comunicación, y la tercera se da en la variedad de estructuras que transformó (como ejemplo: el Estado-Nación y la mercantilización del trabajo y las mercancías).
Lo autores clásicos de la sociología vieron en la modernidad un período de agitación, pero todos creían que las consecuencias positivas de la Modernidad, eran superiores a las negativas. Marx en su “18 de Brumario” (3), pensaba que el despotismo era característico de las sociedades pre-modernas, por ejemplo, eso se contrasta con un Siglo XX pringado de totalitarismos y autocracias, pero estos están comprendidos dentro de las posibilidades estructurales de la Modernidad y sus instituciones.
La teoría sociológica clásica impide hacer un análisis verdaderamente satisfactorio de las instituciones de la Modernidad.
La tradición sociológica clásica ha mantenido una tendencia de interpretar la esencia de la modernización fijándose en una única dinámica, una dinámica de transformación.
Para Marx y sus seguidores el análisis de la Modernidad es el análisis del modo de producción capitalista, es decir basado en un determinismo económico.
Esta postura fue criticada tanto por Durkheim, como por Weber. Durkheim hijo de la escuela positivista, explico el origen de las instituciones como consecuencia de la industrialización. La postura durkheniana se basaba en el supuesto de la existencia de un orden social. “No vivimos en un orden capitalista, sino en un orden industrial”.
Weber utiliza el termino capitalismo en momentos en que se acerca a la teoría marxiana en lo económico, pero en su visión a futuro (racionalización) es más cercano a la visión durkheniana por el tema de la ordenación. Caso similar aparece en Parsons donde el objetivo principal es la teoría del orden.
Giddens para fundamentar su posición conceptualiza la ruptura existente entre la dimensión del espacio y la del tiempo ocasionado por el gran dinamismo de la sociedad moderna, esa ruptura él autor la toma como parte del proceso de desanclaje ocasionado por la relevancia del factor material simbólico, el “dinero”.
Desde esa perspectiva el autor analiza la fiabilidad en los sistemas expertos, que las propias instituciones y sociedad en general dan apertura.
Puede ser útil comparar las ideas rectoras de la Modernidad, algo que diversos autores concuerdan en afirmar que comenzó a concluir luego de la década de 1950.
La Modernidad se caracteriza por la confianza en el Progreso, por la búsqueda de una razón globalizante que dé cuenta del momento histórico y su devenir, la postulación de metas ideales, un fuerte sentido de la vida signada por responsabilidades acerca del mundo, responsabilidad por el otro, aun en el heroísmo, el imperio de la razón.
Esta modernidad correspondía a la Industria Capitalista o al capitalismo industrial con sus fábricas, sus organizaciones obreras, sindicales.
La posmodernidad corresponde a un momento histórico diferente que corresponde al Capitalismo Tardío, a una sociedad de consumo, a una sociedad de la informática, de los medios masivos de comunicación, a una sociedad de una tecnología sofisticada.
No toda nuestra cultura es posmoderna, pero si, el posmodernismo es una dominante cultural de nuestros días.
Algunos autores (Marshall Berman, Jurgen Habermas) no acuerdan en denominar a nuestro momento actual de posmodernidad, pero sí, acuerdan en las características que definen a nuestra cultura contemporánea.
Un estudioso de las características culturales posmodernas, Gilles Lipovetsky, sostiene que asistimos a una nueva fase en la historia del individualismo occidental y que constituye una verdadera revolución a nivel de las identidades sociales, a nivel ideológico y a nivel cotidiano.
Esta revolución se caracteriza por un consumo masificado tanto de objetos como de imágenes, una cultura hedonista que apunta a un confort generalizado, personalizado, la presencia de valores permisivos y light en relación a las elecciones y modos de vida personales.
Estos cambios, novedosos a nivel de la cultura y los valores morales implican una fractura de la “sociedad disciplinaria” (4) y la instauración de una sociedad más flexible “basada en la información y en la estipulación de las necesidades, el sexo y la asunción de los “factores humanos”, en el culto a lo natural, a la cordialidad y al sentido del humor”
La cotidianeidad tiende a desplegarse con un mínimo de coacciones y el máximo de elecciones privadas posibles, con el mínimo de austeridad y el máximo de goce, con la menor represión y la mayor comprensión posible.
Poder planificar una vida “a la carta”. Esta sería la utopía de los tiempos posmodernos como el mito, tal cual lo señala Lipovetsky, no sería Prometeo, como en la Modernidad, sino Narciso.
La sociedad disciplinaria si bien correspondía a un sistema político democrático era de tipo autoritario.
Se tendía a sumergir al individuo en reglas uniformes, en eliminar lo máximo posible las elecciones singulares, generando una ley homogénea y universal, la primacía de una voluntad global o universal que tenía fuerza de imperativo moral que exigía una sumisión y abnegación a ese ideal. En el contraste se ve la diferencia.
Lo interesante de pensar es que la Modernidad plasmada como sociedad disciplinar constituyó una subjetividad y una forma de ejercer un control de esta subjetividad.
Como lo señala Michel Foucault el control de las mentes y las conciencias permitió el control sobre los cuerpos y las prácticas sociales de los sujetos. La posmodernidad no implica una liberación del control social. La posmodernidad no nos libera de una estrategia de control global. La manera de ejercer dicho control varía.
Ahora dicho control se ejerce a través de la seducción, de una oferta de consumo, de objetos o de imágenes, consumo de hechos concretos o de simulacros.
La cultura posmoderna es en definitiva una pluralidad de subculturas que corresponden a diversos grupos sociales y que adquieren su propia legitimación a existir y a coexistir con otras subculturas con igual o similar reconocimiento social.
Dice G. Lipovetsky: “La cultura posmoderna es descentrada y heteróclita, materialista y psi, porno y discreta, renovadora y retro, consumista y ecologista, sofisticada y espontánea, espectacular y creativa; el futuro no tendrá que escoger una de esas tendencias, sino que, por el contrario, desarrollará las lógicas duales, la correspondencia flexible de las antinomias.
Se diversifican las posibilidades de elección individual, se anulan los puntos de referencia ya que se destruyen los sentidos únicos y los valores superiores dando un amplio margen a la elección individual.
Lo interesante es pensar esta lógica no como la aspiración a un paraíso terrenal sino como una nueva forma de control social.
La posibilidad de la constitución de una nueva subjetividad tal vez más controlable que la subjetividad moderna-revolucionaria. Implican nada más que tecnologías blandas de control”.
Otro autor sobre la “postmodernidad”, es Zygmunt Bauman (5), este habla de una modernidad líquida, una modernidad que sufrió el proceso de licuefacción de sus instituciones.
Para explicar este concepto parte con una crítica a Marcuse sobre el “hombre unidimensional”.
Se refiere a los nuevos mecanismos del capitalismo para la enajenación humana, es decir que el sistema forja una tecnificación de la producción y con esta el trabajador tiene un plus de enajenación generado por la focalización de su conciencia hacia los medios de producción, que generan la unidimensionalización, que es la dimensión de lo ya conocido.
El autor cita una crisis en la dimensión emancipadora para explicar esto, expone la diferencia entre la libertad objetiva y subjetiva, planteando que el individuo se siente intrincado en su decisión de libertad debiendo escoger lo cognoscible, la racionalidad instrumental y utilitaria que lleva a la libertad subjetiva; con esto aparece una actitud de conformidad del individuo con respecto a la sociedad en que vive; el capitalismo tardío genera una necesidad de “no liberación”.
Libertad significa responsabilidad, es decir la dependencia de las propias fuerzas para satisfacer sus necesidades, necesidades que generan el miedo al individuo por motivo de la agonía de la indecisión.
La conformidad dada por el sistema de coerción direcciona la vida y le ahorra al ser humano el pensar por sí mismo. Baumann cita a Fromm; “cada individuo debe dar un paso al frente y probar su suerte (…) debe nadar o hundirse (…) todo aquello que promete asumir la responsabilidad de la certeza es bienvenida”.
Baumann dice que la crítica se evapora en la modernidad líquida pues esta no es hospitalera con ella en el sentido de que la política de vivir en esta época deja a un lado la consigna del ser reflexivo. Hay un cambio en el saber hacer y el saber ser, es decir, que la crítica es del estilo del consumidor.
La teoría crítica tenía como objetivo defender la autonomía, la libertad y el derecho de ser y seguir siendo diferentes, esto cae en contradicción con la uniformidad del modelo de esta sociedad; aunque esos modelos son diversos.
En resumen, el sistema genera modalidades de identidad y conducta que sectorizan a la sociedad volviéndola “más líquida”.
El concepto de individualidad deja de ser sólido porque el modelo no aspira a la mecanización productiva que es el saber hacer, sino, que la mecanización de la vida que es saber ser.
Por consiguiente, cada modelo determina una violencia simbólica hacia el otro como cometido de segmentación; es por ello que, vulgarmente hablando, criticamos la diversidad.
Después inicia con una dicotomía entre la noción de génesis que significa desorden y la visión de Josué que hace alusión al orden, (metafóricamente hablando).
La visión de orden es paralela con la visión de capitalismo pesado, como algo preestablecido y sólido; la noción de desorden es la que impera en lo que Baumann llama la modernidad líquida; como capitalismo liviano.
Mientras Weber predijo el triunfo de una razón utilitaria e instrumental, se generó la idea de valor racional basada en instituciones “pesadas” y burocráticas siendo estas el fin de la historia, con un capitalismo burocratizado.
Esta idea hoy decae por la pérdida del valor racional, pues la moral que impera es contextualizada; todo se transforma en entretenimiento pues el individuo espera lo inesperado.
Hubo un cambio valorativo en la concepción del trabajo en el sentido de que hoy este apenas tiene un valor individual, la modernidad líquida padece de lo que yo llamaría “egoísmo”.
Inversamente a la idea de Habbermas, de que la esfera pública “era colonizadora de la esfera privada” hoy prima la idea de que en la esfera pública “se publican los dramas privados”.
Baumann expone que el arquetipo del ser es situacional y relativo, es decir que el individuo se despoja y se desnuda en la búsqueda del saber ser.
La política de vida es la del consumo y este se sustenta en los sillones lujosos del tener.
El consumismo da la ruptura histórica con la solidez del ordenamiento, pues este se reduce al libre curso de la fantasía del principio del placer; como diría Ferguson “el individuo se expresa así mismo por medio de sus posesiones y la compra es casual, inesperada y espontánea. Tiene una cualidad de sueño, que expresa y satisface el anhelo que, como todos los anhelos, es insincero y pueril…”
La historia ha cambiado el rol de la sociedad donde sus actores dejan de ser productores para ser consumidores.
La salud deja de presentarse como modelo productivo para transformarse en un culto a la imagen y a lo que es ornamental “el estar en forma”.
La principal preocupación de esta sociedad es la adecuación, es el aprovechamiento de la oportunidad cuando esta aparece, es el estar “siempre listo”.
Concluyendo, la compra es un rito de exorcismo y liberación del demonio de la necesidad del ser; que enajena e individualiza, y que promueve el saber ser, donde hay un cambio en los roles y la sociedad de control que es la sociedad misma.
Podemos decir que todo esto es el “reality show” de la vida.
O una forma de la:

ESQUIZOFRENIA SOCIAL
Que sacrifica a los individuos
A los ídolos de la pos-pis-modernidad:
Cibertecnologia, tecnocracia, economía, producción,
Los siameses: eficacia y eficiencia,
Internética, shopping center, realidad virtual,
Fin de la historia.

En este mundo capitalista y neo-liberal
Inhabilitación para la competencia salvaje
Conduce al manicomio
Sujeto des-integrado.
Sujeto tratado como cosa.
No como lo que él es: un otro cosmos.

El tratamiento es el ‘cómodo’
Empastillamiento”
(MCroz)
(6)

Notas: (1) Anthony Giddens (Londres, 1938) es un influyente sociólogo británico, destacado por su teoría de la estructuración y el enfoque de la “Tercera Vía” en política. Fue profesor en Cambridge y director de la London School of Economics (1997-2003), asesorando a Tony Blair. Ha escrito más de 30 libros, abordando la modernidad y la globalización.
“Consecuencias de la Modernidad”. Ed. Alianza Universitaria. Madrid 1993. Pag.18.
(2) Jean-François Lyotard (Versalles, 1924-París, 1998) fue un filósofo, sociólogo y teórico literario francés. Su discurso interdisciplinario incluye temas que abarcan la epistemología, la comunicación, el cuerpo humano, el arte moderno y posmoderno, la literatura y la crítica teórica, la música, el cine, el tiempo y la memoria, el espacio, la ciudad y el paisaje, lo sublime, y la relación entre estética y política. Es conocido por su formulación del posmodernismo después de la década de 1970 y el análisis del impacto de la posmodernidad en la condición humana. Fue cofundador del Colegio Internacional de Filosofía, junto con Jacques Derrida, François Châtelet y Giles Deleuze.
“La era del vacío, ensayo sobre el individualismo occidental”. Ed. Antrophos 1999. Pag.29.
(3) Marx en su “18 Brumario de Luis Bonaparte” (1852), escribió: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado”.
(4) La “sociedad disciplinaria”, concepto clave de Michel Foucault en “Vigilar y castigar” (1975), describe el paso de una sociedad de soberanía a una controlada por instituciones de encierro (escuelas, hospitales, fábricas, cárceles). Su objetivo es moldear individuos “dóciles y útiles” mediante vigilancia constante, el panóptico y la normalización de conductas para el capitalismo.
(5) Zygmunt Bauman. “Modernidad líquida”. Fondo de Cultura Económica. Argentina 2000. Pag. 26.
(6) Michel Croz / Marta Pujol. “Las voces habitadas – Ensayos polifónicos”. Ediciones IDEAS Montevideo-Rivera, 2005. Pag. 37.

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