Rivera, viernes 30 de enero de 2026

Cambios y Permanencias: Los Siglos XVIII, XIX y XX

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
En forma introductoria desarrollaremos la Revolución Industrial, teniendo en cuenta que la misma no se gesta en forma lineal ni horizontal; pasa por diversos períodos que se pueden dividir en tres ya que los mismos marcaron a toda la humanidad en sus diferentes esferas y estratos sociales cambiando sus “hábitus” (1) y costumbres de producción, consumo interactuando de manera transversal con las relaciones sociales.
En este contexto la innovación es por definición negación, destrucción, cambio; la transformación es la esencia permanente de la modernidad.
Dicha Revolución Industrial se genera en cadena, como un proceso acumulativo de tecnología, que crea bienes y servicios, mejorando el nivel y la calidad de vida. Son básicos: un capitalismo incipiente, un sistema educativo y, el “espíritu emprendedor”.
– Primer período: 1732-1869. Este período se caracteriza primeramente por el uso del carbón, hasta la producción de electricidad.
– Segundo período: 1869-1945. Desde la producción de electricidad, hasta la Primera Guerra Mundial.
– Tercer período: 1945-2010. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, hasta la actualidad (en el tercer ítem, se desarrolla el mundo unipolar: 1980-2010).
(Períodos subdivididos según historiadores de la UDELAR).

EL CONTEXTO ECONÓMICO
En el primer período la economía se caracteriza por la producción en serie contraponiéndose a la antigua producción artesanal. Esto conlleva formas de producción, consumo y mercantilización de las mismas.
Las relaciones entre patrón y obrero son únicamente laborales y con el fin de obtener beneficios. La oferta laboral en las ciudades, comienzan a tener un auge extraordinario, atrayendo a los trabajadores hacia las ciudades; generando expectativas de mejora en la calidad de vida, e incluyendo el consumo.
El capitalismo comienza a desarrollar sus primeras formas de acumulación de bienes. Aparecen las grandes empresas en manos de una minoría de propietarios capitalistas. Dichas empresas se centran en una producción fabril, con intercambios desiguales asimétricos (relación patrón-obrero).
Los desplazamientos se intensifican, generando redes de transporte que llevan las mercancías producidas en la fábrica hasta los mercados donde se consumirán.
El transporte no abarca solo localidades, se comienzan a trasladar al exterior (mercados nacionales e internacionales).
Las mercaderías dentro de las localidades no pagan impuestos; con relación a la mercantilización exterior, las mismas están eximidas, de dichos impuestos (tratado de Utrecht 1713), que liberaliza las relaciones comerciales de Inglaterra, y otros países europeos, con la América Española.
Esto generó un ensanchamiento de los mercados extranjeros y una nueva división internacional del trabajo.
Los nuevos mercados se conquistaron mediante el abaratamiento de los productos hechos con la máquina; por los nuevos sistemas de transporte y la apertura de las vías de comunicación, así como también, mediante una política expansionista.
El Reino Unido fue el primero que llevó a cabo toda la serie de transformaciones.
La industria textil algodonera fue el sector líder de la industrialización del capital que abrirá paso, en una segunda fase, a la siderurgia y al ferrocarril.
Se estimuló el crecimiento de la minería del carbón y de la siderurgia con la construcción del ferrocarril. En Gran Bretaña se desarrolló a pleno el capitalismo industrial, lo que explica su supremacía industrial hasta 1870 aproximadamente, como también en el sector financiero y comercial (desde mediados del S. XVIII hasta la primera Guerra Mundial).
En base a dichos acontecimientos contextualizados, autores como Adam Smith (1778) formula la doctrina económica liberal (2).
El Estado no debe intervenir ni regular, el mercado se autorregula por medio del interés individual. David Ricardo desarrolla la ley natural del Salario (3).
La burguesía es el nuevo grupo dominante, es el que posee las propiedades privadas, e influye en la cultura política y ejerce el poder. Defendiendo sus valores que equivalen al concepto de “propiedad privada”.
El trabajo se relaciona con el ahorro y triunfa el individualismo. La Empresa capitalista sufre ciclos económicos, dichos ciclos se relacionan con la oferta y demanda del mercado.
– Segundo período: 1869-1945 y Tercer período: 1945-1980
Dicho período se caracteriza por la tecnificación; máquinas que funcionan a combustión y energía eléctrica.
El transporte terrestre es favorecido por los tranvías que conducen a los trabajadores a las ciudades o metrópolis, etc. Las invenciones industriales llegan a esferas inesperadas, (ej: aplicación de la nueva tecnología contribuirá con las guerras y el mercado bélico).
En 1914 estalla la primera Guerra Mundial. En 1945 termina la segunda Guerra Mundial.
Según Alain Touraine (4): “el segundo período de la historia de los análisis de la producción estuvo dominado por la idea de racionalización. Pero, desde Taylor y Ford hasta la edad de oro da las bussiness schools norteamericanas de las décadas de 1950 y 1960, la empresa sólo apareció como el marco concreto de la modernización: los expertos le aconsejaban aplicar los principios del racionalismo de la Ilustración, definir sus funciones y sus niveles jerárquicos, registrar hábilmente la circulación de las informaciones, las ideas, las mercancías y los hombres, en suma poner orden y dar claridad en un conjunto de fenómenos cada vez más complejos”.
Las clases sociales luchan reivindicando sus necesidades, el movimiento obrero firmemente se ve desbordado por el capitalismo que le saca todas sus fuerzas día a día en nombre del progreso.
Se utiliza la fuerza del obrero para producir en serie; empleando a niños y mujeres que trabajan por salarios inferiores al de los hombres: dominación de clase por medio de salarios y de la “plusvalía” (5). Aparecen los Bancos capitalistas con una gran influencia en las relaciones sociales; las pequeñas inversiones, las grandes inversiones, las sociedades anónimas, la Bolsa de Valores.

EL CONTEXTO SOCIAL
Los cambios demográficos se generan no solo por la emigración e inmigración, si no que las tasas de natalidad aumentan, disminuyendo las muertes catastróficas, debido a la mejora de la alimentación. La medicina tiene sus avances con relación al control epidemiológico, o sea, al control sanitario, dado el alto índice de esperanza de vida.
Con relación a la condición obrera la empresa genera un campo de lucha de clases, las reivindicaciones emergen al verse desbordadas por una realidad dura que se torna el pan de cada día. Niños y mujeres trabajan a la par por salarios inferiores al de los hombres.
Con relación a la clase burguesa era la que otorgaba el mando, la que dominaba a las clases subalternas.
Con relación a las formas de consumo las mismas se modifican, no son ajenas a las modificaciones de producción ya que hacen parte de una demanda social.
Ellas se pueden dividir en “Necesidades Básicas”, que son las indispensables para vivir, y las “Necesidades de Ocio”, según Max Neff (6). Dichas necesidades de consumo, se relacionan con el estrato, o lugar que ocupa la persona en la estructura de clases, y por su movilidad social.
A partir de 1968 los países de Europa Occidental comienzan a imitar a Estados Unidos para crear una sociedad de consumo en la que aquel país había entrado mucho antes, sobre todo después de la gran depresión y de la guerra. El consumo pasa a ser un consumo de masas.
Con relación a la producción cultural sucede la formación de nuevas comunidades o tribus, la jerarquización social de los consumos se encuentra sustituida por el nacimiento del prosumer, o consumidor que apunta a una empresa, ej: consumir determinada marca. Dicho consumo es a veces defensivo, a veces imitativo, a veces limitador.
Lo importante es que el consumidor se separa del sistema.
Durkheim lo ha dicho explícitamente mejor que ningún otro: “la crisis de la modernidad hace desaparecer el concepto de sociedad” (7).
En este período la violencia, la soledad, el defenderse de la sociedad, el control o manipulación, pasa a ser lo que antes llamábamos integración. Según Touraine:
“La fragmentación de la modernidad en cuatro elementos repartidos en los cuatro puntos cardinales de la vida social es también un cuádruple movimiento de liberación: por un lado, la afirmación de Eros formulada por Nietzsche y Freud contra la ley social y la moralización; en segundo lugar, el apogeo de los dioses nacionales que se resisten al universalismo del mercado y del dinero; en tercer lugar, la concentración de las empresas y de los imperios industriales o bancarios, señores de la sociedad industrial que afirman sus deseos de conquista y de poder por encima de las frías recomendaciones de los manuales de gestión; y, por último, la revelación de deseos que escapan al control social porque ya no están relacionados con una posición social. Ese es el escenario nacido de la descomposición del modelo que identificaba la modernidad con el triunfo de la razón”.

EL CONTEXTO POLÍTICO
La sociedad gobernada por el clero cae, la misma pasa a ser gobernada por la burguesía. Aparecen normas, reglamentos que estipulan las formas de convivencia, o sea la ética prevalece dentro de ciertos parámetros institucionales públicos y privados. Los individuos buscan la libertad y la felicidad, principio antropocentrista.
Esto muestra el error de todos aquellos que, sobre todo después de la escuela de Frankfort, han acusado a la sociedad industrial de no tener ningún otro principio de legitimación que no sea la técnica, y por lo tanto de ser tecnocrática. Idea extraña, al decir verdad, cuando se la aplica al siglo que vio a Hitler, Stalin, a Mao y a Fidel Castro, a Roosevelt y a De Gaulle, para no mencionar más que a dirigentes políticos importantes que definieron claramente la naturaleza que daban a su legitimidad. ¿De qué sociedad concreta, de que país se puede decir que fue gobernada, únicamente, por la tecnocracia? La nomenclatura de tipo soviético es lo contrario de la tecnocracia; implica sumisión de las decisiones económicas al poder del aparato político.
(Continuará)

Notas: (1): “Habitus”: de Pierre Bourdieu (sociólogo francés contemporáneo), es un concepto sociológico que define los sistemas de disposiciones duraderas, interiorizadas y transferibles (formas de actuar, sentir y pensar) que los individuos adquieren a través de la socialización y su posición en la estructura social. Funciona como una “segunda naturaleza” que guía el sentido práctico, interpretando la realidad y generando comportamientos que reproducen el capital social y cultural.
(2): Adam Smith: Escocia, 1723-1790, fue economista y filósofo de la Ilustración escocesa, considerado uno de los mayores exponentes de la economía clásica y de la filosofía de la economía. Es conocido principalmente por su obra “Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (1776)”, un estudio acerca del proceso de creación y acumulación de la riqueza, temas ya abordados por los mercantilistas y fisiócratas, pero sin el carácter científico que se encuentra en la obra de Smith. Fue el primero en escribir una obra que trata la economía como un sistema integral y como una disciplina académica y moderna.
Smith se niega a explicar la distribución de la riqueza y el poder en términos de la voluntad de Dios y, en cambio, apela a los factores naturales, políticos, sociales, económicos y tecnológicos, y a las interacciones entre ellos. Entre otras teorías económicas, su trabajo introdujo la idea de “la ventaja absoluta”. Debido a dicho trabajo, que fue el primer estudio completo y sistemático sobre el tema de la riqueza y el fundamento de una nueva ciencia, entonces denominada, “Economía política”, a Smith se le conoce generalmente como el padre de la “Economía moderna”.
(3): David Ricardo: Londres, 1772-1823, fue un economista inglés, miembro de la corriente del pensamiento económico clásico y uno de los más influyentes, junto a Adam Smith y Thomas Malthus. Es considerado uno de los pioneros de la macroeconomía moderna por su análisis de la relación entre beneficios y salarios, uno de los iniciadores del razonamiento que daría lugar a la “ley de los rendimientos decrecientes” y uno de los principales fundadores de la “teoría cuantitativa del dinero”. Es por ello que es invocado por familias de pensamiento económico muy diferentes, desde los economistas austriacos, pasando por los neoclásicos, hasta los marxistas ingleses.
(4) Alain Touraine: Francia, 1925-2023. Fue un sociólogo y escritor francés, reconocido por sus aportes a la sociología de la acción, los movimientos sociales y la conceptualización de la sociedad postindustrial. Su obra, desarrollada a lo largo de más de seis décadas, se centró en analizar las transformaciones sociales, el papel del sujeto en la historia y las dinámicas de los conflictos en las sociedades contemporáneas. Touraine es considerado uno de los sociólogos más influyentes del siglo XX.
(5) “Plusvalía”: Es la expresión monetaria del valor que el trabajador asalariado crea por encima del valor de su fuerza de trabajo. Es la forma específica que adquiere la plusvalía bajo el modo de producción capitalista y forma la base de la acumulación capitalista. El plusvalor toma las diferentes formas de manifestación: salario, ganancia, interés y renta. Este concepto fue acuñado por Karl Marx principalmente en “El capital” a partir de la crítica a los economistas clásicos precedentes como Adam Smith y David Ricardo, que ya la habían enunciado pero no definido. Marx señaló que “la producción de plusvalía es la ley absoluta” del modo de producción capitalista.
(6) Max Neef: Chile, 1932-2019. Fue considerado por sus ideas, enfoques económicos y ambientalistas como un adelantado para su época. Sus obras más destacadas son dos tesis que denominó “La economía descalza” y “Desarrollo a escala humana”, las que definen una matriz que abarca nueve necesidades humanas básicas: “subsistencia”, “protección”, “afecto”, “comprensión” o “entendimiento”, “participación”, “creación”, “recreo” u “ocio”, “identidad” y “libertad”; además proponía una décima necesidad, pero que prefería mantener separada de las anteriores: la “trascendencia”. Todas ellas hacen hincapié en la importancia de los esfuerzos humanos pequeños y apasionados. Max-Neef además postulaba que no existe correlación alguna entre el grado de desarrollo económico (industrial) y la felicidad relativa de las personas implicadas; al contrario, el desarrollo económico parece aumentar la soledad y la alienación en las sociedades desarrolladas.
(7) Émile Durkheim: Francia, 1858-1917. Fue un sociólogo, pedagogo y filósofo. Estableció formalmente la sociología como disciplina académica y, junto con Karl Marx y Max Weber, es considerado uno de los padres fundadores de dicha ciencia.
Durkheim creó el primer departamento de sociología en la Universidad de Burdeos en 1895. Su influyente monografía “El suicidio” (1897), un estudio de los tipos de suicidios de acuerdo a las causas que lo generan, fue pionera en la investigación social y sirvió para distinguir la ciencia social de la psicología y la filosofía política. En su obra “Las formas elementales de la vida religiosa” (1912) comparó la dimensión sociocultural de las vidas de las sociedades aborígenes y modernas.
Para él, la sociología era la ciencia de las instituciones, y su meta era descubrir “hechos sociales” estructurales tanto para la sociología como para la antropología. En particular la sociología debía estudiar los fenómenos atribuidos a la sociedad en su totalidad, en lugar de centrarse en las acciones específicas de los individuos.

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