Falta de controladores aéreos pone en riesgo la continuidad de los vuelos a Salto y Rivera

La falta de controladores aéreos genera preocupación en el gobierno y amenaza la continuidad de los vuelos comerciales que conectan Montevideo con Salto y Rivera. A las dificultades de personal se suman problemas operativos de Paranair, factores climáticos y una demanda todavía irregular, en momentos en que el Ministerio de Turismo busca acelerar las gestiones para asegurar la estabilidad de las rutas.
La situación se agravó tras la implementación en el Aeropuerto Internacional de Carrasco del sistema ILS CAT III B, una tecnología avanzada que permite realizar aterrizajes con niveles muy reducidos de visibilidad. Su funcionamiento implica mayores necesidades de personal y aumentó la presión sobre la disponibilidad de controladores para los aeropuertos del interior.
El gerente de la Cámara Aeronáutica, José Luis Hernández, señaló que no se formaron suficientes controladores para atender simultáneamente las necesidades de todos los aeropuertos. La consecuencia, advirtió, es directa: cuando no hay un controlador disponible, determinados vuelos no pueden realizarse.
En el caso de Salto, Paranair decidió suspender sus operaciones durante todo setiembre. El gerente de la compañía, Jaime Cassola, confirmó que existe intención de restablecer los vuelos en octubre, aunque el regreso estará condicionado a que puedan garantizarse las condiciones necesarias para mantener una operación regular.
Rivera también experimentó cambios en su conectividad. La aerolínea redujo temporalmente su programación de dos vuelos semanales a uno, que se realiza los miércoles, mientras actualmente opera con una sola aeronave.
Cassola explicó que durante los últimos meses se produjeron cancelaciones en Rivera vinculadas a las condiciones de funcionamiento de la torre de control. No obstante, aclaró que también incidieron otros factores, entre ellos decisiones comerciales, dificultades operativas de la empresa y el comportamiento de la demanda.
Uno de los principales problemas para las compañías aéreas es precisamente la falta de previsibilidad. Antes de comercializar una ruta de manera regular, la empresa necesita tener la certeza de que contará con las condiciones necesarias para que los vuelos puedan despegar y aterrizar.
Hernández puso como ejemplo un episodio reciente ocurrido en Salto, donde el único controlador disponible se sintió mal y debió retirarse, dejando al aeropuerto sin ese servicio. Según el representante de la Cámara Aeronáutica, con la actual cantidad de funcionarios resulta imposible cubrir adecuadamente todos los aeropuertos que requieren control aéreo.
El ministro de Turismo, Pablo Menoni, reconoció la preocupación del gobierno y admitió que la escasez de controladores ha incidido en las irregularidades, aunque remarcó que no constituye la única causa. También mencionó problemas operativos de Paranair, las condiciones meteorológicas y el mantenimiento preventivo de una de las aeronaves de la compañía.
El Ministerio de Turismo sigue particularmente de cerca la situación debido al acuerdo existente con Paranair para garantizar la conectividad aérea de Salto y Rivera. Hace aproximadamente un mes se realizó una reunión en Salto con la participación del intendente Carlos Albisu, el CEO de Aeropuertos Uruguay, Diego Arrosa, representantes de Paranair, autoridades de la Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica (DINACIA), el Ministerio de Turismo y autoridades departamentales.
En esa instancia, la falta de controladores fue identificada como uno de los principales obstáculos para asegurar la continuidad de los vuelos. También se analizó el reclamo del sindicato aeronáutico por la incorporación de nuevos funcionarios y la posibilidad de realizar un llamado para formar personal, aunque la capacitación de nuevos controladores demandará tiempo.
Menoni aseguró que el gobierno está “sumamente preocupado” no solamente por las cancelaciones actuales, sino también por sus efectos sobre la consolidación de las rutas. La falta de regularidad dificulta que los habitantes de Salto y Rivera incorporen el avión como una alternativa habitual de transporte. Si los pasajeros no tienen certeza de que las frecuencias anunciadas serán efectivamente cumplidas, se vuelve más difícil generar una demanda estable y, por lo tanto, sostener comercialmente las conexiones.
Ante el deterioro de la situación, el Ministerio de Turismo pretende adelantar una nueva reunión con todos los actores involucrados. La intención original era mantener encuentros periódicos, pero ahora la cartera busca acelerar la próxima instancia para volver a evaluar el escenario y analizar posibles soluciones. Todavía no existe una fecha definida para la reunión. Menoni espera que pueda concretarse después del 19 de setiembre, cuando regrese de una feria turística que se desarrollará en Las Palmas.
El problema tiene además un componente estructural relacionado con el aeropuerto de Carrasco. El sistema ILS CAT III B proporciona guía electrónica durante la aproximación final y permite operar con condiciones de visibilidad considerablemente más adversas que los sistemas convencionales. Sin embargo, su puesta en funcionamiento incrementó las necesidades de personal en el principal aeropuerto del país.
De acuerdo con Hernández, la cobertura de Carrasco se convirtió en una prioridad y los aeropuertos del litoral, que tienen un menor volumen de operaciones, fueron particularmente afectados por la distribución de los controladores disponibles.
Rivera ya había experimentado esta situación durante julio, cuando la DINACIA comunicó cierres de la torre de control durante extensas franjas horarias debido a la falta de personal. La medida afectó directamente las operaciones de Paranair. Para la Cámara Aeronáutica, la solución definitiva pasa necesariamente por incrementar la cantidad de controladores aéreos. Mientras eso no ocurra, el sistema continuará teniendo que distribuir una dotación limitada entre Carrasco y los aeropuertos del interior.
La situación plantea así una paradoja para la política de conectividad aérea del país: mientras Uruguay ha avanzado en la modernización de sus aeropuertos y Carrasco incorporó tecnología para operar con condiciones meteorológicas más exigentes, la falta de recursos humanos amenaza con impedir que parte de esa infraestructura pueda ser utilizada de manera regular.
Para Salto y Rivera, la dificultad no se limita a las cancelaciones puntuales. La continuidad y previsibilidad de las conexiones aéreas son fundamentales para consolidar rutas que todavía buscan alcanzar una demanda suficiente para sostenerse en el tiempo. Con información de El País & UYPress

