Rivera, lunes 23 de febrero de 2026
Un lugar que tiene historia...

Paso del Apretado: Crónica de un camino estrecho y una historia ancha

VICHADERO (Por Raúl Barboza, para “Vichadero y su Gente”). En el corazón agreste del norte uruguayo, allí donde la geografía parece cerrarse sobre sí misma y el silencio se vuelve protagonista, se encuentra el Paso del Apretado, un paraje modesto en apariencia, pero cargado de memoria, leyendas y significación histórica. Ubicado en la octava sección del departamento de Rivera, entre Cerros Blancos y Vichadero, este antiguo paso constituye hoy un testimonio vivo del tránsito humano, económico y social que marcó a la región durante décadas.
El Paso del Apretado fue declarado Monumento Histórico Nacional por la Ley Nº 14.040 en el año 1971, reconocimiento que no solo protege el sitio, sino que consagra su valor dentro del patrimonio histórico del país. Se trata de un antiguo desvío de la Ruta 27, hoy convertido en un camino secundario, casi olvidado, que apenas registra el paso ocasional de los vecinos del lugar, conocedores de su importancia y de sus historias transmitidas de generación en generación.
El origen de su nombre no es casual. El paso se abre -o más bien se aprieta- entre el cerro y una pequeña cañada, formando un corredor natural tan angosto que obliga al viajero a reducir la marcha, a observar con detenimiento el entorno y, quizá sin saberlo, a entrar en un espacio cargado de simbolismo. Las rocas que escoltan el camino presentan una tonalidad blanquecina, producto de un musgo que las cubre casi por completo, otorgándole al paisaje una apariencia singular, casi fantasmal, que se intensifica con la neblina de las mañanas o las sombras del atardecer.
Dominando las alturas de la sierra, un detalle no menor completa el escenario: la presencia constante de numerosos cuervos, aves que han elegido las zonas más elevadas para anidar. Su vuelo oscuro y sus graznidos profundos acompañan desde siempre a quienes cruzan el paso, reforzando la atmósfera de misterio que rodea al lugar y que ha dado origen a múltiples relatos populares.
Porque el Paso del Apretado no es solo geografía; es también relato y leyenda. Según cuentan los viejos pobladores, sin que exista confirmación documental definitiva, en tiempos pasados este paso habría sido escenario de asaltos a viajeros desprevenidos, aprovechando lo angosto del camino y la dificultad de huida. Mito o realidad, estas historias se integraron al imaginario colectivo y contribuyeron a forjar la reputación del lugar como punto estratégico, pero también riesgoso, dentro de las rutas rurales del norte riverense.
Durante años, el paso tuvo además una importancia clave en el transporte regional. Por allí transitaba la empresa de ómnibus Bruno, que unía Rivera, Vichadero y Melo, conectando poblaciones, llevando pasajeros, correspondencia y mercancías. Aquellos ómnibus, avanzando lentamente entre cerros y cañadas, fueron testigos silenciosos de una época en la que el camino era sinónimo de progreso, comunicación y encuentro.
Hoy, el Paso del Apretado yace en una calma casi absoluta. Ya no es ruta principal ni punto obligado de tránsito, pero su historia permanece. Cada piedra cubierta de musgo, cada curva del sendero y cada ave que sobrevuela la sierra parecen custodiar un pasado que se niega a desaparecer. Es un lugar donde el tiempo no se detuvo, sino que se sedimentó, dejando capas de memoria que esperan ser recordadas.
Así, el Paso del Apretado sigue siendo mucho más que un simple camino rural: es un espacio histórico, un fragmento del norte uruguayo donde paisaje, leyenda y vida cotidiana se entrelazan, recordándonos que incluso los senderos más estrechos pueden albergar historias profundas y perdurables.

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